BIENVENIDOS A LA OBRA DE PEÑALOLÉN

La Obra de Peñalolén es una Iglesia naciente que pretende fortalecer la enseñanza de la Palabra de Dios en sus congregados y a cuantos al Señor acudieren, entendiendo además lo indispensable que es la ayuda del Espíritu Santo en este peregrinaje de los creyentes en Cristo Jesús.

martes, 6 de octubre de 2009

PROMESA DE DIOS EN LOS PATRIARCAS

Breve análisis del concepto de Promesa hecha a los Patriarcas




1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (Génesis 12:1-3).-

Luego de la descripción de la genealogía de Sem prosiguiendo con Taré, comienza la Historia Patriarcal, marcada en el capítulo 12 de génesis con la bendición prometida por Dios a Abraham.
He observado grandes letreros y lienzos que cuelgan de los muros de templos evangélicos, resaltando el texto de Génesis 12 o parte de este, pero su comprensión y aplicación dista mucho de lo que Dios quiere con sus hijos. Veo tristemente que muchos se arrogan esta bendición patriarcal, traduciéndola en formas extrañas y mundanas, amparadas en conceptos como el éxito, ambiciones personales, multiplicación explosiva de almas, etc, etc, nunca antes predicados en la sana doctrina y que por supuesto carecen de todo fundamento bíblico. Un buen tema sin duda para abordar, pero que lo haré en otra ocasión para invitarles a ocuparnos en algunos aspectos de la Promesa de Dios a los Patriarcas.
Génesis 12 es considerado un capítulo clave que marca sin duda toda la historia patriarcal y del Antiguo Testamento, rescatado además en las palabras de nuestro Señor Jesucristo.
La orden “Vete de tu tierra y de tu parentela”, Gn. 12:1, dada por Dios a Abraham pone de manifiesto la tierra (concepto abordado ampliamente en toda la Biblia). Señala el teólogo católico J. Sicre “Abandonar la propia para caminar hacia la que Dios mostrará. Salir de lo que uno tiene y quiere, abandonar el presente, para ponerse en marcha hacia lo desconocido, el futuro. No es lo mismo cambiar de sitio por propio deseo que cambiar de patria por deseo ajeno. Ahí radica la fuerza la exigencia del imperativo inicial “vete”. Pero Dios no sólo exige, también promete”.

La promesa de bendición consistía en ser “una nación grande”, “engrandecer su nombre”, y “ser bendición”.
Es dable señalar además la expresión dicha por Dios “En ti serán benditas todas las familias de la Tierra”, de lo cual se desprende la preocupación de Dios por su creación, para lo cual usaría un medio, un pueblo, una nación que comienza a establecer, a fin que por su causa las naciones lleguen a ser bendecidas en el conocimiento de Dios.
Para los Patriarcas la Promesa se va a concretar en el ideal de la tierra, la descendencia y la conformación de una gran nación.
Esta promesa será Progresiva, trascendiendo en la generación de Abraham, Isaac y Jacob, incluyendo además las vivencias de José.


Algo que me llama mucho la atención es la teofanía (manifestación de Dios) que se producen con Abraham y su descendencia, lo que demuestra que la Promesa no fue dicha por Dios una sola vez, para después ser olvidada o en lo sumo fuera recordada por hombres piadosos, sino que Dios interviene en las vidas de estos patriarcas, relacionándose con cada generación, renovando así su intención para con el pueblo elegido y su propósito macro con el mundo entero.
En cada generación podemos ver la Promesa revivida y recordada por Dios, principalmente en los momentos de crisis, cuando la fe de los hombres desvanecía.

Abraham: Gn. 12:1-3; 15; 17; 22:17-18.-
Isaac : Gn. 17:21; 26:4; 26: 24.-
Jacob : Gn. 28:13-15; 31:13; 35:1-7; 35:9-13.-

¡Que precioso es ver el interés de nuestro Dios para con sus Hijos!
El ha salido al encuentro de cada creyente, realizando un pacto con la sangre preciosa de Jesucristo, demostrando así su amor y vigencia de sus promesas generación tras generación.
Hoy podemos ver esta teofanía en nuestros testimonios personales, por medio de la obra del Espíritu Santo, confirmada en su Palabra que nos ha iluminado y enseñado un nuevo camino.
El Señor nos ha hecho un llamado para salir de este sistema de maldad que tanta tragedia aportó a nuestras vidas. No quiere que estemos ignorantes de sus promesas, las que reafirmó en la cruz del calvario, trayéndonos salvación y remisión de nuestros pecados.

Hoy podemos caminar con seguridad, confiados en el amor de nuestro Dios, su Palabra fiel y verdadera y la maravillosa compañía de su Espíritu Santo que nos conducirá a una gloria eterna.

Otro punto de esta promesa Patriarcal es el lenguaje espiritual de Dios que lo vemos en su preocupación de que los hombres vuelvan a la tierra de la cual fueron expulsados.
Cada cosa que les ocurre a los Patriarcas gira en torno a la Promesa.
Cuando estos permanecen en la voluntad de Dios son bendición para quienes se relacionan con ellos, si por el contrario abandonan su integridad, la maldición de Dios alcanza a aquellos con quien se relacionan. Así tenemos que padre, hijo y nieto experimentan vivencias y crisis similares en las cuales Dios prueba su fe.
Podemos decir que la Promesa a los Patriarcas en el Antiguo Testamento tiene gran parte de su cumplimiento en la época de los Reyes de Israel, David y principalmente Salomón, periodo en el cual vemos mucho de esto cumplido en la unidad que logra la nación tanto en el aspecto terreno-geográfico como religioso. Tal auge es sorprende a los ojos de sus vecinos habitantes, quienes ven en Israel un ejemplo digno de imitar. Estos son atraídos a contemplar la gloria de la nación.

El Templo construido por el Rey Salomón, una de las mayores obras realizadas


La Promesa necesariamente debe extenderse a las naciones para traer luz y salvación e Israel tiene esta responsabilidad sobre los pueblos y naciones que le rodean.
El Libro de Génesis culmina con el relato de la historia de José y su familia, preludio del Éxodo. Estos introducidos en tierra de Egipto, bajo reconocimiento y favor de Faraón la autoridad reinante.
La Promesa realizada a los Patriarcas se ve fielmente cumplida en José y la generación de ese tiempo pese a no considerársele un patriarca como tal.
El libro de Éxodo nos señala que este proceso de bendición se ve interrumpido, cuando un nuevo Faraón sube al trono, desconociendo el testimonio de José, iniciándose así lo que conocemos como la “Opresión” del pueblo de Dios. Sin embargo Dios “Ve la aflicción de su pueblo” y prepara a Moisés como caudillo y libertador de su Pueblo, reanudando así la Promesa realizada a los Patriarcas junto con el concepto de “La Tierra” prometida.

El relato vibrante continua en Éxodo y los planes de Dios siempre están vigentes, pero esa es otra historia que abordaremos en otro estudio.

Finalmente, la Biblia y nuestro Señor Jesucristo nos enseñan que los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que se comportan como Abraham.
“Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia” (Rom. 4:3).




Fraternalmente en Cristo.

Rodrigo Hormazábal Betancourt
Pastor
Iglesia Pentecostal Elim Chile en Peñalolén

elimpenalolen@gmail.com